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Guerra e información

Las poquísimas personas que tienen acceso a los medios de comunicación de otros países o la suerte de viajar, algo que la pandemia desgraciadamente ha limitado mucho, viven en sus carnes el famoso dicho de que la verdad es la primera víctima de la guerra, o más bien que reduce aún mucho más nuestro horizonte según el efecto de las anteojeras o gríngolas que se les pone a los caballos para que solo puedan ver muy limitadamente de frente. Pues, en efecto, la inmensa mayoría ignora alguno o muchos de los hechos más relevantes y de los argumentos alternativos en torno al conflicto.

Particularmente llamativo en esta guerra respecto al reciente pasado, en el que se acusaba de autoritarios a los regímenes en inferioridad tecnológica y desventaja financiera que se veían en necesidad de bloquear la difusión de información de los medios hegemónicos al servicio de los países dominantes que, por otro lado, de este modo reivindicaban su superioridad, es el hecho de que por primera vez, es Occidente quién bloquea la difusión de los medios rusos como RT o Sputnik (o se hackea el Globaltimes de China).

Esta es precisamente la experiencia que dio lugar al cosmopolitismo y a la filosofía misma, que van de la mano, tanto de los chinos como de los griegos, pues ambos pueblos coincidieron en compartir el mismo idioma y cultura mientras que estaban divididos en polis o estados que no podían cesar de luchar entre sí y regulaban la información como ahora. Por eso, el cosmopolitismo, la unidad humana o toma de decisiones incluyente, no solo resulta en evitar el daño, que así sería la incongruencia de hacérselo uno a si mismo, sino que su forma no es otra cosa, como dice Kant, que la publicidad, o universalidad, de la toma de decisiones, que es contradictoria con el propósito de daño.

El problema del cosmopolitismo antiguo era su inviabilidad en un mundo ignoto y cuyos habitantes eran desconocidos y, por tanto, incapaces de comunicarse y actuar conjunta o simultáneamente, pero en ciertas épocas del pasado, sin embargo, publicaban las personas, algunos sabios que habían alcanzado la capacidad de leer y escribir y con ello una opinión propia, mientras hoy día la información está mediada por el estado, tal como comenzó ya a serlo con el Confucianismo en China y con Platón en Occidente, al que la polis le financió la primera institución académica creada para hacer frente al shock causado por Sócrates, y aún más extremo fue el intento de control de la información totalitario de las religiones monoteístas, hasta la exacerbación de la institucionalización de la información en nuestros días del estado nación.

¿Nos queda alguna fuerza a los que entendemos el problema humano? Tan solo la de la palabra, que es prácticamente ninguna porque, a la postre no se le atribuye ya ningún valor o veracidad, pero, tu lector, si lees y entiendes esta argumentación puedes referirte a www.human-unity.org donde puedes ver, compartir y contribuir al borrador de la Constitución Humana Universal como referencia para un mundo humano, pues, por otra parte, la globalización nos puesto ya aquí y si la guerra nos lleva a una nueva guerra fría, a la incomunicación entre los estados que no se someten o confiesan al mismo hegemón, también nos hace más y más evidente y necesaria la reivindicación del cosmopolitismo.

Y no hay que darle más vueltas, ni que el estado convoque elecciones, pues no solo es odioso sino contradictorio e imposible que alguien se niegue a si mismo la capacidad de decidir y prefiera ser ignorante y engañado, que, por supuesto, no es renunciar a decidir sino la manifestación de su sumisión al arma, que no a los políticos quienes son también personas y hacen lo que pueden según la información que ellos mismos tienen.