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Sobre la libertad económica

Primero informaros que hemos recibido un amable email del Sr. David Llistar, Director de Justícia Global i Cooperació Internacional, del Ayto de Barcelona, como sigue:

“Gracias por su propuesta (‘sobre la posibilidad de colaborar en la celebración del Congreso Universal abierto y transparente de Unidad Humana’ -menciona). Una vez estudiada atentamente y dada la sensible situación actual del tema, no consideramos oportuno, en este momento, colaborar desde el Ayuntamiento en una iniciativa de esta naturaleza.”

No entendemos exactamente a que refiere con “la sensible situación actual del tema” (pienso que a la situación política de Cataluña, pues mencionábamos nuestro entendimiento y deseo de contribuir a resolverlo con la propuesta de unidad humana) y hemos solicitado una aclaración sin otro propósito que un mejor entendimiento. Tampoco entendemos muy bien a que refiere con “la naturaleza” de esta iniciativa o la que sería del interés del Ayto.

En todo caso, agradecemos sinceramente su atención.

De modo que ahora nuestras opciones son recomenzar nuestros contactos con el Ayto de Madrid el próximo año, tal como este nos sugirió, o acaso pensar en otro lugar, y también podría ser un Congreso virtual.

 

Hoy queremos abundar en la idea de libertad, de la que ya hablamos en el post pasado, ahora como libertad económica que suele referir al llamado libre mercado.

El gobierno del mundo, tal como lo veía Mozi, es de carácter consecuencialista -se valora cada cosa por el efecto que causa- y utilitarista –el valor de cada cosa, objeto o actividad es según su uso, beneficio. Casualmente este planteamiento coincide con el utilitarismo moderno a la base de las democracias liberales.

Sin embargo, señala bien Amartya Sen en la introducción a su “Racionalidad y libertad” en referencia al utilitarismo:
“Pero, ¿qué es exactamente un comportamiento de maximización de la utilidad? ¿Es lo mismo que la maximización del comportamiento en general (sin restricción sobre lo que se maximiza) o es la maximización de la satisfacción del interés de uno mismo en particular? Esta distinción se pierde en una gran parte de la economía moderna….”

Démoslo una vuelta, intentemos ponerlo en claro. La maximización de la utilidad no es contradictoria entre el interés general y el de uno mismo en un punto; si uno gana más, atesora más, el estado obtiene más, en impuestos, recursos… Hasta aquí sin problema y ese es el concepto de la economía moderna (en ella, solo hay que cambiar el concepto de racionalidad por nacionalidad – a mí, como veo mal de cerca, me pasa). Y de ahí sus cuestiones actuales, ¿cómo crear puestos de trabajo? que es al mismo tiempo preguntarse, ¿en qué podemos invertir que sea competitivo? ¿En qué podríamos tener el monopolio de algo; del talento, de la innovación, mano de obra más barata, etc.?

Sin embargo, el concepto de ‘maximización de la utilidad’ diverge y se contradice cuando se trata de, por un lado, explotar a una persona pagándola lo menos posible y obteniendo el máximo rendimiento de ella, que es el ‘interés general’, y, por otro, “la maximización del interés de uno mismo en particular” (estar guapa, por ejemplo), esto es, “el interés tuyo” “el mío”, “el de la otra” el de las personas reales.

Obviamente no son intereses en lucha ‘dialéctica’; sin duda y definitivamente el interés de uno mismo, yo, está subordinado a ese interés general como lo muestra el hecho vital de que no es que quieras comer sino que tienes que comer para sobrevivir y, por tanto, se te permite comer si trabajas integrándote en el sistema general de maximización de la utilidad. Y los que tienen ya para comer, unos comen entonces mucho, y otros, que pueden seguir comiendo con los ahorros por una temporada sin trabajar, se les motiva, más allá de esa necesidad, con la generación en ellos de necesidades o aspiraciones extra, desde un coche, que podría ser sustituido por transporte público, pero que, ciertamente “maximiza el interés particular”, hasta un perfume de lujo, que también lo hace.

Lo que sucede es que el interés particular, el consumo, también es una explotación. Aquí te voy a contar una anécdota. Le pregunto a mi madre que qué quiere o necesita como regalo de navidades y dice que unas zapatillas con cuña como el año pasado, pues las que le regalamos entonces no se las pone nuevas para estar en la cocina. Pues, amigo, llevo todos estos días mirando desesperadamente tienda tras tienda y en ninguna las encuentro viejas que le sirvan a mi madre.

No hay un contrato real en la sociedad, salvo como representación, teatro o circo, pues a su origen y sobre ella prevalece el estado y su relación estratégica con otros estados, con su carácter de unidad armada frente a otras unidades armadas. Y eso se manifiesta ampliamente en todos los aspectos, basta poner atención a ello o levantar el velo.

Tengo la impresión de que la habitual acusación a la maldad de la naturaleza humana ha sido sustituida en nuestros días por el Fatalismo como causa de los males que experimenta el ser humano, tales como la miseria, la explotación, la perfidia y la guerra, a la vista de la gran mayoría de personas sacrificadas y resignadas a ser sometidas y explotadas largas e intensas jornadas para poder simplemente alojarse en algún sitio y comer de modo que puedan continuar viviendo, como para que encima se les tache de ‘malvados’, cuesta perder la vergüenza hasta este punto. Así que se impone el Fatalismo de la nueva Ilustración, que, como la vieja, es la del Despotismo.

Y este Despotismo, que según alarmantes indicios nos conduce vertiginosamente a la catástrofe al explotar inmisericorde al ser humano no solo como útil sino sobre todo también como, supuestamente insaciable e implacable consumidor, el que legitima su Fatalismo en la ciencia, tal como se manifiesta, por ejemplo en Steven Pinker, profesor de Harvard y autor de Enlightmente Now (2018). Este despacha en su primera página el mal del mundo recurriendo al Fatalismo, extraído o expuesto según la segunda ley de la Termodinámica, el de Entropía, que justifica como ineludibles las relaciones de fuerza e irracionales entre los humanos como la forma de evitar la tendencia natural a la inacción. Una vez aceptado ese Fatalismo o falta de libertad, Pinker dedica el libro entero a enumerar los logros de la Ilustración, se podría decir Historia (la manipulación cada vez más científica) que se reducen a: todo va un poco, bueno un poquito, mejor que antes y así sucesivamente.

En efecto, tanto en China como en Occidente la manipulación o explotación de las personas se ha hecho mucho más explícita e intensiva que antes al poner el estado los avances científicos al servicio de sus intereses. El estado, equipado de las más modernas tecnologías de todo tipo; así, psicológicas o de motivación inducida, con sofisticados cebos, dopajes, como directamente con el control, mediante cámaras, registro de todas las transacciones, identificación permanente de la ubicación, etc. al servicio de lo más necesario; la seguridad, el interés supremo del estado y con él, el de su pueblo, pero no de las personas, pues ¿Por qué la seguridad no la compartimos?

Pero, al tiempo, el sistema ya se desmorona; crece una grieta en el monopolio estatal de la información, ya que la web y la globalización ha dado lugar por primera vez a las fake news, principalmente aquellas financiadas por estados extranjeros, también las de carácter anti o no oficiales, lo que en los antiguos países comunistas, así en la China de hace unas décadas, al quedar fuera del ámbito de la propaganda se calificaba de “pornografía”. Y es en este campo precisamente en el que se encuentra HUM, cuyo objetivo es simplemente emitir información en favor de la unidad humana, que al no pertenecer a propaganda estatal, puede calificarse de “fake news” o de “pornografía”; tú decides.

¿Por qué no compartimos la seguridad? Se ve claro que la inseguridad se origina de unos estados o unidades armadas contra otras. Por eso, la palabra clave, disruptiva, que proponemos desde HUM para que se filtre a través de la comunidad virtual de internet es la misma que ya utilizaba Mozi, la Universalidad o también Inclusividad sin exclusión alguna, ponlo como quieras; tú ya me entiendes. Este es nuestro trabajo, difundirla, la entenderá todo el mundo, hasta que la voz humana transcienda los estados y les someta. Por eso la voluntad del Congreso de Unidad Humana es vinculante para ellos, les despoja de soberanía o derecho a destruir.

Llegados a este punto en el que compartamos la seguridad, ¿comenzamos entonces con ese proceso de entropía que nos lleva a la inacción? No lo creo, tenemos bastante que hacer, así mejorar nuestro medio ambiente, que es mucho, mejorar nuestros cuerpos para ser más amadas, que tampoco es poco, y expandirnos por el cosmos, como toca.

Respecto a la economía, en efecto, todo el mundo puede comer, todo el mundo puede alojarse, todo el mundo puede vivir con sus condiciones materiales de subsistencia aseguradas sin dependencia del trabajo, pues no es que esa dependencia actual tenga nada que ver con lo justo, sino que es la forma de sometimiento violento. Esos derechos a vivir llámalos DDHH si quieres, pero recuerda que no hay derecho sin libertad y, por eso, lo primero es la seguridad compartida universalmente.

Igualmente todos trabajaremos, contribuiremos a la sociedad, pero voluntariamente, y esto es, de acuerdo con el fin, la causa común a la que sumamos nuestra voluntad y nuestro esfuerzo y nuestro trabajo, un utilitarismo sin contradicciones, uno que alinea el interés universal y el personal y no porque haremos lo que sea con tal de recibir dinero que nos permita comer, ¿Algún problema?

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