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EL CUIDADO INCLUSIVO O AMOR UNIVERSAL ERA LA VOLUNTAD DEL CIELO SEGÚN MOZI

La expresión Voluntad del Cielo (天志 Tiān zhì) de Mòzi es parte bien principal para entender su doctrina, sin embargo, en China los estudiantes conocen de Mòzi las expresiones y las triadas del Amor Universal (兼爱 Jiān ài) y Contra la Guerra de Agresión (Fēi gōng 非攻). Estas dos principales doctrinas dejan incompleto el sistema de Mòzi posibilitando su negación, mientras que la voluntad del Cielo se sostiene a si misma, ya que es el modelo o estándar, pero no es ‘científica’, no puede ser ni probada ni refutada (negada). En cualquier caso, conviene su revisión.

Encontramos la expresión Mandato del Cielo, (Tiānmìng 天命) en Confucio que se traspasa o ejecuta el emperador o hijo del Cielo. Sin embargo, la Voluntad del Cielo de Mòzi no implica orden o mandato alguno, tan solo manifiesta una voluntad, un deseo del Cielo expresado en unas reglas de justicia dadas, pero no es ejecutivo y semeja mucho al Logos occidental. Pero, mejor, demos la palabra a Mòzi que se explique:

Comienza la primera triada avisando de la imprudencia que es ofender al que aporta el orden, que a la postre el Cielo. Y “lo que el Cielo desea es justicia”, lo que implica, se dice, que, como contraparte o consecuencia, “el hará lo que yo deseo”, que es proveernos bonanza y librarnos de calamidades. Y ¿qué es la justicia? La no discriminación, así como la injusticia es la violencia.

La segunda triada comienza refiriéndose a la justicia como lo que aporta orden al mundo y cómo esta procede del sabio y no del estúpido o el mediocre, de modo que, a la postre, su origen es el Cielo. Así como todos por nuestra simple humanidad entendemos que dañar está mal, Mòzi señala la supremacía del Cielo sobre el hijo del Cielo y de nuevo aconseja la conveniencia de atenernos a la voluntad del Cielo: “en el mundo aquellos que carecen de humanidad son desafortunados”, pues no aman universalmente como el Cielo; son desagradecidos, pues “todo está dispuesto para para el bien del ser humano.” Concluye como en la anterior triada señalando que el Cielo es el estándar o modelo de la justicia, como lo es el compás para determinar la circularidad o el péndulo para precisar la verticalidad.

En la tercera triada comienza repitiendo, como en la primera, lo imprudente que es desobedecer la voluntad del Cielo y nos propone atenernos a ella para vivir con justicia, e igualmente insiste en que el origen de esta está en el Cielo y no en el hijo del Cielo, aunque aquí añade que así lo entienden falsamente los oficiales y caballeros –y también los confucianos. “¿Y cuál es la voluntad del Cielo? Amar a toda la gente del mundo universalmente. Atenerse a la intención del Cielo es ser universal y oponerse a ella es ser parcial, pues en la universalidad está la justicia y en la parcialidad está la fuerza.” Finalmente, se pregunta Mòzi por el encomio que hace mucha literatura de lo inhumano, de la guerra, o más bien, claro, de la victoria y recuerda entonces los argumentos que ya esgrimía en Contra la Guerra de Agresión con varios ejemplos de cómo en comunidad (lo contrario de la parcialidad) rechazamos la agresión y el daño por humanidad o sentido común y cada persona ve y califica de injustos los actos criminales con la misma claridad con la que distingue lo amargo de lo dulce o lo blanco de lo negro.

Visto lo escrito en las triadas lo más importante que sacamos en claro es que las personas deben atenerse a una suerte de ley natural que todos poseemos, que sería la voluntad del Cielo, y no al hijo del Cielo o al estado mismo. Pero tenemos más apariciones del Cielo en el Mòzi en los capítulos dialécticos, llamados así por ser abstractos y no implicar situaciones vitales o históricas, lo que les hace más difíciles de entender y traducir.

En la Ilustración Mayor, el Dà qǔ (大取), se dice que el amor del Cielo al ser humano es más inclusivo que el amor a este del sabio porque el Cielo tiene más conocimiento que el sabio y, añadimos, aún mayor que el de los espíritus, los cuales, dice Mòzǐ, supieron que los calderos rituales durarían cientos de años y saltarían las dinastías, mientras, ¿qué sabio podría tener esa visión tan distanciada de su propia experiencia y vida?

Más adelante en esta misma Ilustración dice, ¿Es correcto hablar de la intención del Cielo con respecto a un tirano? Atribuir el tirano (déspota) a la intención del Cielo es equivocado, pues sería tomar lo que la gente condena y darlo por correcto. Al elegir lo mayor de lo que es beneficioso, hay una alternativa, pero al elegir lo menor de lo que es perjudicial, no hay alternativa. Elegir lo que uno no tiene es elegir lo mayor de lo que es beneficioso (tenemos que deducir que esto es el amor universal), pero apartar lo que uno ya tiene es elegir lo menor de lo que es perjudicial. Es decir, que el despotismo no es resultado de una elección (entre alternativas) y tenemos que entender que se corresponde con el mundo actual y el ámbito de parcialidad en el que vivimos.

Hasta aquí todo lo que básicamente y muy resumido dice el Mòzi sobre el Cielo, que creo conviene relacionar con casi los últimos párrafos de los Cánones y las Explicaciones II concretamente del B72 al B74. Estos Cánones se estructuran del siguiente modo: un Canon, una Objeción y una Respuesta a la Objeción. Y la Objeción a la doctrina moísta, que es el Amor Universal, gira en estos tres Cánones en torno a su imposibilidad en condiciones de ignorancia de los límites (del mundo) y del número de sus habitantes, así como de su paradero y circunstancias. La acusación al moísmo en este pasaje es, ni más ni menos, de ser una doctrina perversa.

Con estos elementos me propongo ahora emitir una comprensión significativa y relevante para nosotros. ¿Por qué la tiranía es un mal sin alternativa (en su actualidad)? Donde la respuesta es: porque vivimos en un mundo parcial, en consecuencia regido por la violencia y el engaño. La Voluntad del Cielo es la universalidad, pero esta no obedece directamente a su mandato, ni es la realidad, es algo en lo que tenemos que ponernos de acuerdo nosotros para llevar a cabo esa Voluntad del Cielo, ese es el sentido de atenernos a la intención del Cielo, pues este Cielo no se impone.

Y ¿cuál es el origen de la parcialidad? Es la misma naturaleza que nos generó como animales y dispersos. Por tanto, ¿cuál es el sentido profundo de la Objeción que hemos visto arriba sobre el desconocimiento de los límites del mundo y de sus habitantes? Que la universalidad no solo no es viable sino que es “perversa”, pues redunda en perjuicio del que la propone. En efecto, en tanto el total de los seres humanos no participe en la (construcción de la) comunidad humana, en la toma de decisiones inclusiva, cosa que es imposible mientras muchos humanos son desconocidos, la condición de otros es igual a la parcialidad, a la guerra, al engaño y, por tanto, proponer la universalidad o humanidad unilateralmente no consigue nada más que dañar los intereses propios.

En efecto, está bien claro que Mòzǐ está encarando en esta Objeción la crítica Legista al Moísmo. El Legismo se expresa así: Aunque el sentido común sea humano, cada cultura, pueblo, nación necesita diferenciarse y para ello necesita elementos diferentes del sentido común, como, por ejemplo, los dioses de cada polis entre los antiguos griegos o, en general, un sistema de comunicación exclusivo de cada estado que genera un relato propio y parcial, una historia de los acontecimientos, asaz de su sistema piramidal y de gran desigualdad, de embrutecer al pueblo, mistificarlo, tenerlo engañado, etc., pues esta es la manera ineludible de organizarse para la guerra eficazmente –tal como había expuesto ya un par de siglos antes Sunzi-, mientras que promover la humanidad lleva al estado a la ruina, ya que los otros no hacen lo mismo y por tanto están mejor preparados para la fuerza, violencia y guerra y lo aniquilan. Los Legistas además demostraron el rigor de su visión implementando su modelo en el estado Qin y aniquilando con bastante rapidez al resto de los estados chinos y unificando China, que es la que actualmente conocemos.

La respuesta del Mòzǐ a la Objeción Legista respecto a la inviabilidad del Amor Universal debido al desconocimiento del mundo y de los que lo habitan es muy discutible, propiamente no responde a lo que verdaderamente está en cuestión y no ofrece una solución, salvo precisamente el refugio que ofrece la voluntad del Cielo, que es ‘independiente’ de las condiciones reales.

Con esto hemos llegado al punto adecuado para poder representárnosla y debemos hacerlo preguntándonos, ¿Qué carencia cubre el Cielo o Dios o hasta los dioses? Sabemos que la parcialidad es la guerra y la guerra requiere el engaño, la ocultación de información, etc., etc. tanto al enemigo como a los subordinados. Para establecer la universalidad necesitamos transparencia, es decir, partir ya del modo universal y también actuar simultáneamente, pues unilateralmente es la ruina. De modo que, en esas circunstancias de desconocimiento e ignorancia mutuos, solo la voluntad del Cielo, que nos refiere por su mismo concepto a la totalidad de los seres humanos, es capaz de hacernos recobrar o sostener el Amor Universal.

Pero nos sucede que hoy día la Voluntad del Cielo nos resulta ya irrelevante e innecesaria, tal como se ve en la levedad de la información que nos aporta en las triadas; estaba ahí para suplir esa falta de contacto con los otros seres humanos, esa ignorancia, esa carencia, como lo estuvieron los espíritus y los dioses para dar explicación de los fenómenos naturales que eran inexplicables de otro modo. Hoy conocemos los límites del mundo, los habitantes que hay en él y donde se encuentran y todo sobre ellos y también nos podemos comunicar con ellos. Se trata solo, pues, de convocar a todos a establecer la unidad humana, la comunidad humana, para así poder ya usar el sentido común, la no discriminación en lugar de la violencia y el engaño e, igualmente, en lugar de ocuparnos solo de oponernos unos a otros como hasta ahora, dedicarnos plenamente al beneficio y al progreso común humano.

En efecto, la cuestión está en que esa propuesta práctica bien explícita y reiterada de Mòzǐ; la sustitución de la parcialidad por la universalidad, ha de llevarse a cabo de modo acordado, universal y simultáneamente, para lo que solo es necesario convenir a todos a la plaza pública y con ello solo nos queda el uso del sentido común, sobra decir humano, que por su simple práctica, pondrá de lado las ficciones, figuraciones y creencias, ya irracionales, mentirosas, malintencionadas y discriminatorias como cándidas y piadosas de cada lado para dar lugar a la cooperación y al Amor universal anunciado por Mòzǐ.

Con todo, hay algunas personas con mayores capacidades de representar a la humanidad, y son aquellas a las que Cervantes califica de discretas, aquellas que comprenden el sentido de las creencias y saben respetarlas teniendo en cuenta que cubren esas carencias, teniendo así también en cuenta los sentimientos de las personas y, por tanto, con capacidad para convocarlas con inteligencia y sabiduría, pues no podemos consentirnos ni una de menos.

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