QUIENES SOMOS

Proponemos y promovemos la unidad humana, esto es, la toma de decisiones incluyente que, consecuentemente, evita y previene el propósito de daño (el arma) y el daño (la guerra) y deja solo la cooperación para el bien común.

NUESTRA MISIÓN

Mover a las personas sin discriminación ni distinción de nacionalidad a apoyar y promover la unidad humana como modo de acabar con la guerra y la violencia. Buscamos voluntarios dispuestos a representar los intereses de la Humanidad

NUESTRA META

Un Congreso o Asamblea Universal de Unidad Humana abierto y transparente donde ya se practique la toma de decisiones incluyente y se fije su uso para el futuro.

¿QUIERES QUE HAYA PAZ EN EL MUNDO?

Entonces tenemos que vivir juntos, convivir todos los humanos en lugar de mantenernos en unidades separadas que toman las decisiones excluyentemente, los estados -realmente las unidades armadas. Pues unidos, la toma de decisiones es incluyente, transparente y abierta y consecuentemente es la garantía que evita, previene y elimina el engaño y el propósito de daño (las armas), la guerra. Unidos, en lugar de dedicar todo nuestro esfuerzo a desarrollar armas y hacer la guerra -intentar desarmar al enemigo para ponerlo a merced, solo trataremos y cooperaremos por el bien común. Y no porque la ley o imposición así nos determine sino que de manera natural, a diferencia de nuestro presente en el que es ineludible entrenarnos y prepararnos para la violencia y el engaño, la consecuencia lógica y natural de la convivencia de la Humanidad es que unos y otros todos nos influiremos mutuamente, alabando, apoyando y recompensando la contribución al bien común así como el comportamiento más humano, armonioso y beneficioso para la sociedad.

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PROGRAMA DE PAZ HUMANA INCLUSIVA Y UNIVERSAL

PROPUESTA DE PAZ

La paz, si es verdadera, obviamente no puede ser forzada o impuesta, tiene que establecerse como un acuerdo basado en una propuesta pública, por lo que ya es novedad de la presente dirigirse a las personas y no (solo) a los estados, de lo que se sigue también que aceptar el acuerdo de paz es compartir la propuesta, pues sería contradictorio apoyarla y negarle la publicidad, que es el medio para su realización. Y el canal idóneo son las instituciones educativas por su carácter reflexivo y universal.

Esta propuesta de paz es una convocatoria o invitación a un Día de Fiesta o Reconciliación de la Humanidad el 30 de enero de 2025 en el que se manifieste unánimemente la voluntad humana de paz y se convoque un Congreso de la Humanidad más tarde en 2025 que sustituye la toma de decisiones unilateral y la amenaza como modo de relación humana por la toma de decisiones incluyente y pública, abierta al juicio y participación de todos, lo que previene y evita el propósito de daño (que es causa del engaño y el daño) y trata solo del bien común. Aquí sigue la argumentación y la propuesta:

1. La violencia es el efecto (de la existencia) del arma, un objeto y organización cuyo propósito es matar y dañar (obviamente solo a los otros), daño que solo se evita con la sumisión permanente o se contrarresta con otra arma que le haga frente y estas se condicionan mutua y dinámicamente a aumentar su potencia destructiva y sus alianzas tanto como pueden para defenderse unas de otras y también limitar y, si eventualmente se tiene la posibilidad, destruir el arma del otro -lo que es hacer la guerra, ya que el arma no nos deja otra alternativa a los humanos que someter o ser sometido.

2. De modo que la paz no es la ausencia eventual de guerra sino el cese del propósito de daño, pues, no nos engañemos, entre los humanos el propósito de daño es ya daño, pero en el pasado, en mundo ignoto y de habitantes desconocidos, era inevitable, ya que una actitud unilateral de indefensión, una posición desarmada equivale a la derrota, pero hoy podemos, debemos y proponemos reiniciar nuestra relación acordando el cese y la renuncia de todos al propósito de daño mediante la toma de decisiones incluyente.

3. Ser consciente de esto identifica nuestro interés con el de la Humanidad, pues, del mismo modo que una sola arma resulta inevitablemente en todas las armas del mundo con toda su potencia posible y esclaviza a todos los seres humanos, solo el acuerdo de todos los humanos puede resultar en la paz, en el cese del propósito de daño y así liberarnos conjuntamente (del sometimiento al arma) y usar los recursos materiales, que ahora sirven al arma, para beneficio humano, algo que, inalcanzable unilateralmente, es, en consecuencia, el bien común, tal como el desarme es precisamente el medio, vía o camino a la comunidad humana.

Esta propuesta de paz va dirigida a todas las personas, pero proponemos particularmente a las instituciones educativas, tanto universidades como de educación secundaria, que la suscriban y apoyen compartiéndola, haciéndola pública entre los estudiantes y coordinándose con otros centros homólogos para enviársela a todos los centros nacionales y a algunos de otros países que hagan allí lo mismo de modo que podamos alcanzar la paz y celebrar la reconciliación de la Humanidad el 16 de noviembre de este año.

EL MAL NO ES VOLUNTARIO

Se habla de la maldad de la naturaleza humana, pero realmente el mal es un trabajo, propiamente esclavitud, por el que se nos paga, por el que se nos permite comer, vivir, ganar un sueldo a fin de mes hasta el siguiente mes. El fin último del trabajo productivo es realmente aumentar la privación de los otros, causarles necesidad, a ser posible monopolizar algo y así ponerlos a nuestra merced.

Incluso la promoción con caridad de una religión busca desplazar así a las otras, o con la promoción de los derechos humanos y la democracia se cierra el paso a los «países autoritarios», etc.

Pero, sobre todo, que el mal es el trabajo se manifiesta en la gran masa de gente dedicada y ejercitándose directa y expresamente a matar, u otros a diseñar y producir con todos o los mejores recursos disponibles formas y maneras de matar más eficazmente, o trabajando en el estudio de las posibilidades de como causar el mayor daño posible al otro, con cuya amenaza se le somete.

Incluso, la otra cara de la moneda es la de aquellos que hacen políticas opuestas, por ejemplo, a favor del desarme, los pacifistas, los anarquistas, o los que están contra las armas nucleares, cuyas propuestas de acción unilateral no pueden sino resultar en perjuicio y en desventaja objetiva propia frente al implacable otro, pero estos sirven también para demostrar que no hay alternativa y pueden acceder por ello también a algún pago, si bien mucho más limitado, o incluso con origen en la otra parte…

EL ARMA

Sin embargo, la verdad, que es humana, puede ser ya hoy dicha, expuesta, como sigue: la presencia de un objeto para el homicidio, el arma, hace que cualquiera necesariamente necesite y quiera poseerlo y, más, privatizarlo, y quizás piensa que lo utilizará solo si hace falta o cuando haga falta, pero el otro también quiere esa opción para sí mismo y hará si puede un arma más potente o que pueda hacer más daño.

Y unos y otros se organizan como unidades armadas e intentarán consolidarlas más grandes, buscando obtener más ventaja y pondrán tantos más recursos, humanos y materiales mediante dura explotación a su disposición y servicio, tanto que, si uno no es capaz de consolidar una unidad armada suficientemente potente será absorbida y/o sometida por la primera, y así sucesivamente hasta el mundo en el que vivimos, en el que todos trabajamos para el mal buscando aumentar esa ventaja o, llámalo también, defenderse de la del otro.

Y hay que recordar, por si acaso hay duda, que el arma no es cualquier cosa, pues, aunque se puede matar con una silla o con un cuchillo de cocina estos no ‘alarman’, no nos fuerzan a reaccionar como las armas que tienen y manifiestan explícitamente en su forma, uso y significado su propósito homicida, y el arma tampoco es abstracta como a veces aparece; necesita al enemigo concreto también, para darse a si misma el máximo sentido, en su diseño, localización, y en todo demás como guía para esa búsqueda del máximo daño posible concreto.

Y la causa de la guerra, la destrucción mutua, es el propósito o intento de que esa capacidad de daño se materialice, y así lo vemos con el ataque de Rusia a Ucrania a la vista de su integración en la OTAN o en el caso de China, que no ha hecho ningún mal especifico a EEUU, pero su crecimiento económico, propiamente militar, amenaza la hegemonía de EEUU, y así sucesivamente.

Ahora, en todo esto ¿Hubo maldad humana alguna? No, todo sucedió y sucede lógica y racionalmente. Y esa es la realidad, por más que cada uno piense otra cosa, o en público oculte, precisamente tras una visión y hasta un sentimiento humano con buenas palabras y gestos, esa maldad objetiva, fría, que se nos impone inexorable y trágicamente a todos por igual. Así que, una vez vista y ante nuestros ojos ya la auténtica realidad y la verdad, cuya manifestación es la condición de guerra en la que vivimos ¿Cómo se soluciona?

LA PAZ

La paz, como ha sido visto claramente por los sabios del mundo, es la convivencia, la unidad humana, la toma de decisiones incluyente cuya consecuencia es prevenir y evitar el engaño, el daño mutuo -la guerra- y el propósito de daño -el arma, que es la causa de la guerra, y nos mueve y motiva al bien común.

La inclusividad, que es necesariamente universal humana y por eso era imposible en el pasado, se logra al poner a todas las unidades armadas bajo un mismo mando, el del Congreso, lo que de inmediato las hace redundantes y detiene su desarrollo que es la causa de la guerra.

Un mando único sobre las armas no hace nada, ¿Cómo podría imponerse, forzarse o ejercer violencia contra si mismo? Las armas solo se justifican unas por otras, el propósito de daño solo se justifica y puede justificarse por el propósito de daño del otro, por lo que servicio al arma se hace innecesario y sus recursos humanos y materiales pueden dedicarse al servicio humano y no a su daño.

De modo que ese mando no lo es sobre las personas que quedan así entonces libres y se acaba la esclavitud y sumisión jerárquica al arma, y el trabajo, los objetos y las acciones no tienen ya por fin servir al arma sino a la Humanidad, pues, salvo el arma, todas las cosas son para servirnos y, por ello, la actividad humana puede estar ya entonces basada en la publicidad, transparencia y en la racionalidad en consideración de la situación concreta.

ES NUESTRO TIEMPO

La humanidad es un sentimiento natural, pero está reprimido e impedido por la existencia del arma, dada en la naturaleza antes de la aparición del ser humano. El objeto del arma es matar, por lo que se percibe como una amenaza inminente de muerte que sólo puede ser evitada rindiéndose, entregándose, en definitiva, incorporándose a ella en la forma de unidad armada y asumiendo su objetivo de dañar a otros. Y solo otra unidad armada puede resistir a la primera.

El arma es el único objeto que, a diferencia de todos los otros que son para servirnos, es para dañarnos, y por ello no puede ser compartida, de modo que cada unidad armada o estado necesita a su mando un único individuo y su organización es necesariamente jerárquica o piramidal.

El propósito de daño (del arma) no puede ser expuesto o hecho público, pues sería incongruente y contraproducente con su fin, ya que pondría en guardia o haría reaccionar al otro en contra, y eso nos lleva a vivir en la mentira, en la confusión y en la ignorancia, cuando, en realidad, el mundo es claramente inteligible para el sentido común ya que toda cosa, objeto, actividad se comprende por su propósito o fin.

Ahora, en nuestro tiempo, en el que estamos todos interconectados, podemos ya prevenir el mal, el propósito de daño, tomando las decisiones de modo incluyente y público, con lo que no puede darse engaño, de modo que así solo cooperaremos por el bien común.

La unión hace que el arma resulte inútil y redundante y el desarme no solo posible sino conveniente, pues la única razón de ser de un arma es otra arma y es imposible que pueda tener otra justificación o causa, pues un arma es causa todas las armas posibles, ya que nadie puede renunciar a su propia voluntad (decidir no decidir), que es el efecto del arma, mientras que la unidad es la liberación.

Los antiguos (cosmopolitas, tanto en Oriente como en Occidente) ya lo vieron, y nos lo ilustraron; conviviendo, todos compartimos el mismo sistema de justicia, sabemos que dañar está mal y somos unánimes en condenarlo, mientras que el servicio o beneficio a la comunidad está bien, y todos somos unánimes en alabarlo. Es la división, las unidades armadas, la que nos llevan a que el mal (el daño) sea necesario y por eso también es necesaria la desigualdad y la autoridad que pueda forzar a dar todo por el conjunto, incluso la vida al hacer daño a otros aún a costa de ser dañado también.

El desarme solo puede ser universal (simultáneo, acordado, conjunto…), pues un desarme unilateral o parcial no es desarme sino rendición – servicio igual o más que antes al arma, solo que a otra. Y esa necesaria universalidad es la garantía de seguridad y justicia para todos y cada uno de los seres humanos frente a cualquier incertidumbre o riesgo relativo a su ejecución, por ejemplo relativa a la perdida de bienestar de los que hoy son privilegiados. Esa carencia de la necesaria universalidad era la causa de que el desarme o unidad humana fuera imposible en el pasado.

De modo que convocamos un Congreso o Asamblea Universal de Unidad Humana que asuma el control sobre el arma, lleve a cabo el desarme y establezca un sistema de seguridad incluyente y común.

Pero antes de la celebración del Congreso o Asamblea es preciso poner a todas las armas bajo un mismo mando, pues es la única manera de detener y suspender la dinámica de las armas que absorbe la voluntad humana hacia el mal, hacia el daño al otro, de modo que sin la unión de las armas bajo un mismo mando, los participantes en el Congreso seguirían siendo sujetos de su arma e inevitablemente trabajando para ella y para el mal de los otros.

La consecuencia inmediata de un mando único es la suspensión de la actividad de las armas, el alto el fuego y el cese del esfuerzo por el desarrollo y expansión infinitos del arma propia y menoscabo del (arma del) otro. En efecto, con las armas bajo un mismo mando no puede ya generarse iniciativa de daño alguno, ni siquiera por parte de ese mando, pues sería la absurda y contradictoria situación de uno que a la vez se ataca y se defiende a sí mismo.

Y no podemos dejar en manos de las autoridades de los estados esta cuestión, pues les pondríamos en contradicción, ya que, según su tarea previa dada, están ahí para servir a esa unidad armada en particular, lo que no quiere decir que esas personas no tengan esa misma capacidad de juicio para contribuir lo mismo o más que las otras desde las posiciones que ejercen, pero en el movimiento de unidad humana, las autoridades estatales no pueden representarnos, ni nosotros somos diferentes a las personas de las otras unidades armadas.

 

Algunas personas inteligentes del pasado vieron y entendieron que la Paz (los cosmopolitas cínicos, estoicos, etc.) y el Amor Universal (Mòzi) es lo mismo que la Unidad Humana o la toma de decisiones incluyente porque, lógica y obviamente, de esta manera se renuncia al daño (mutuo) y, lo mejor, se permite o genera el uso del sentido común, esto es, tratar a los demás como quisiéramos ser tratados, pues en convivencia todos consideramos y juzgamos el daño al otro como algo malo y lo condenamos de modo natural, según nuestro sentido común, mientras que el beneficio a la comunidad es unánimemente alabado y aplaudido, mientras que la pertenencia a diversas unidades armadas o estados es lo que nos lleva a que el mal sea necesario. Pero la visión de esas personas fue sólo una esperanza, una ilusión en un mundo desconocido e incomunicado.

En efecto, las propuestas de esa gente difícilmente podían tener continuidad porque en el pasado, más allá de ser la unidad humana una propuesta inviable en un mundo desconocido, apelar a la humanidad debilitaba al Estado, cuya tarea es la guerra, algo claramente expuesto por el caso de Sócrates, y algo semejante les resultó a los cínicos, a los estoicos y aún antes a Mòzi en China, y por ello apenas tenemos registros de esta forma tan sencilla, lógica y evidente de acabar con la miseria humana, que ha sido ocultada y destruida. Mòzi denominaba la universalidad, como «la voluntad del Cielo» (que es perfecta), pues no puede ser que nos vaya bien mientras a otros les va mal, ni puede puede hacerse solo un poco daño -aunque, ciertamente, hasta nuestros días no podía darse ese encuentro de la Humanidad.

He aquí la demostración

  • El arma o unidad armada es la causa necesaria (solo si A entonces B) de la propiedad privada ya que la propiedad privada, que significa que solo uno puede disponer de algo y priva de ello al resto de la Humanidad, no podría existir sin la violencia del arma. Pero, sobre todo, el arma es la causa real o suficiente (Si A entonces B) de la propiedad privada porque el arma tiene el propósito de matar y dañar, y, por lo tanto, no puede ser compartida, alternada o intercambiada, y así resulta que todas las cosas son necesariamente privadas en tanto que necesariamente sirven o son explotadas sólo por una sola unidad armada (estado) en particular.

Y, de otro modo, el desarme es la causa necesaria y suficiente de la comunidad humana, cuya consecuencia es el uso de todos los recursos de acuerdo con su propio fin, lo que implica objetivamente por quién, cómo, cuándo… serán utilizados, esto es, el sentido común.

Este paso era un problema irresoluble para el cosmopolitismo antiguo (estoicos, cínicos y moístas) como nos muestran algunos raros e interesantes documentos al respecto de los estoicos que han sobrevivido hasta nuestros días. En su tiempo, si el estado dejaba de garantizar derechos tales como la propiedad, el resultado no podía ser sino el caos, pues no se eliminaba el arma y otros estados (unidades armadas) vendrían necesariamente a ‘imponer el orden’, pero en nuestro tiempo el garante del orden y del cambio es la Humanidad que, sin violencia, garantiza y da seguridad sobre los ‘derechos’ actuales también en la transición o «sustitución de la parcialidad por la universalidad», esto es, en la realización de la comunidad humana.

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