QUIENES SOMOS

Proponemos y promovemos la unidad humana, esto es, la toma de decisiones incluyente que, consecuentemente, evita y previene el propósito de daño (el arma) y el daño (la guerra) y deja solo la cooperación para el bien común.

NUESTRA MISIÓN

Mover a las personas sin discriminación ni distinción de nacionalidad a apoyar y promover la unidad humana como modo de acabar con la guerra y la violencia. Buscamos voluntarios dispuestos a representar los intereses de la Humanidad

NUESTRA META

Un Congreso o Asamblea Universal de Unidad Humana abierto y transparente donde ya se practique la toma de decisiones incluyente y se fije su uso para el futuro.

¿QUIERES QUE HAYA PAZ EN EL MUNDO?

Entonces los humanos debemos convivir, unirnos, en lugar de seguir separados en estados (unidades armadas) que toman las decisiones de modo parcial y excluyente, lo que ineludiblemente les lleva a la confrontación. Si nos unimos, la toma de decisiones es incluyente, pública, abierta y transparente, de modo que no puede haber engaño ni propósito de daño (armas) ni daño (la guerra) y solo cooperación para el bien común. Por lo que si quieres acabar con la miseria, la destrucción y el genocidio de la guerra, apoya el Movimiento de Unidad Humana.

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La buena voluntad es la humanidad.

La humanidad es un sentimiento natural, pero está reprimido e impedido por la existencia del arma, dada en la naturaleza antes de la aparición del ser humano. El objeto del arma es matar, por lo que se percibe como una amenaza inminente de muerte que sólo puede ser evitada rindiéndose, entregándose, en definitiva, incorporándose a ella en la forma de unidad armada y asumiendo su objetivo de dañar a otros. Y solo otra unidad armada puede resistir a la primera.

El arma es el único objeto que, a diferencia de todos los otros que son para servirnos, es para dañarnos, y por ello no puede ser compartida, de modo que cada unidad armada o estado necesita a su mando un único individuo y su organización es necesariamente jerárquica o piramidal.

El propósito de daño (del arma) no puede ser expuesto o hecho público, pues sería incongruente y contraproducente con su fin, ya que pondría en guardia o haría reaccionar al otro en contra, y eso nos lleva a vivir en la mentira, en la confusión y en la ignorancia, cuando, en realidad, el mundo es claramente inteligible para el sentido común ya que toda cosa, objeto, actividad se comprende por su propósito o fin.

Ahora, en nuestro tiempo, en el que estamos todos interconectados, podemos ya prevenir el mal, el propósito de daño, tomando las decisiones de modo incluyente y público, con lo que no puede darse engaño, de modo que así solo cooperaremos por el bien común.

La unión hace que el arma resulte inútil y redundante y el desarme no solo posible sino conveniente, pues la única razón de ser de un arma es otra arma y es imposible que pueda tener otra justificación o causa, pues un arma es causa todas las armas posibles, ya que nadie puede renunciar a su propia voluntad (decidir no decidir), que es el efecto del arma, mientras que la unidad es la liberación.

Los antiguos (cosmopolitas, tanto en Oriente como en Occidente) ya lo vieron, y nos lo ilustraron; conviviendo, todos compartimos el mismo sistema de justicia, sabemos que dañar está mal y somos unánimes en condenarlo, mientras que el servicio o beneficio a la comunidad está bien, y todos somos unánimes en alabarlo. Es la división, las unidades armadas, la que nos llevan a que el mal (el daño) sea necesario y por eso también es necesaria la desigualdad y la autoridad que pueda forzar a dar todo por el conjunto, incluso la vida al hacer daño a otros aún a costa de ser dañado también.

El desarme solo puede ser universal (simultáneo, acordado, conjunto...), pues un desarme unilateral o parcial no es desarme sino rendición - servicio igual o más que antes al arma, solo que a otra. Y esa necesaria universalidad es la garantía de seguridad y justicia para todos y cada uno de los seres humanos frente a cualquier incertidumbre o riesgo relativo a su ejecución, por ejemplo relativa a la perdida de bienestar de los que hoy son privilegiados. Esa carencia de la necesaria universalidad era la causa de que el desarme o unidad humana fuera imposible en el pasado.

De modo que te convocamos, amigo, a un Congreso o Asamblea Universal de Unidad Humana que asuma el control sobre el arma, lleve a cabo el desarme y establezca un sistema de seguridad incluyente y común.

Pero antes de la celebración del Congreso o Asamblea es preciso poner a todas las armas bajo un mismo mando, pues es la única manera de detener y suspender la dinámica de las armas que absorbe la voluntad humana hacia el mal, hacia el daño al otro, de modo que sin la unión de las armas bajo un mismo mando, los participantes en el Congreso seguirían siendo sujetos de su arma e inevitablemente trabajando para ella y para el mal de los otros.

La consecuencia inmediata de un mando único es la suspensión de la actividad de las armas, el alto el fuego y el cese del esfuerzo por el desarrollo y expansión infinitos del arma propia y menoscabo del (arma del) otro. En efecto, con las armas bajo un mismo mando no puede ya generarse iniciativa de daño alguno, ni siquiera por parte de ese mando, pues sería la absurda y contradictoria situación de uno que a la vez se ataca y se defiende a sí mismo.

Y no podemos dejar en manos de las autoridades de los estados esta cuestión, pues les pondríamos en contradicción, ya que, según su tarea previa dada, están ahí para servir a esa unidad armada en particular, lo que no quiere decir que esas personas no tengan esa misma capacidad de juicio para contribuir lo mismo o más que las otras desde las posiciones que ejercen, pero en el movimiento de unidad humana, las autoridades estatales no pueden representarnos, ni nosotros somos diferentes a las personas de las otras unidades armadas.

ES NUESTRO TIEMPO

Algunas personas inteligentes del pasado vieron y entendieron que la Paz (los cosmopolitas cínicos, estoicos, etc.) y el Amor Universal (Mòzi) es lo mismo que la Unidad Humana o la toma de decisiones incluyente porque, lógica y obviamente, de esta manera se renuncia al daño (mutuo) y, lo mejor, se permite o genera el uso del sentido común, esto es, tratar a los demás como quisiéramos ser tratados, pues en convivencia todos consideramos y juzgamos el daño al otro como algo malo y lo condenamos de modo natural, según nuestro sentido común, mientras que el beneficio a la comunidad es unánimemente alabado y aplaudido, mientras que la pertenencia a diversas unidades armadas o estados es lo que nos lleva a que el mal sea necesario. Pero la visión de esas personas fue sólo una esperanza, una ilusión en un mundo desconocido e incomunicado.

En efecto, las propuestas de esa gente difícilmente podían tener continuidad porque en el pasado, más allá de ser la unidad humana una propuesta inviable en un mundo desconocido, apelar a la humanidad debilitaba al Estado, cuya tarea es la guerra, algo claramente expuesto por el caso de Sócrates, y algo semejante les resultó a los cínicos, a los estoicos y aún antes a Mòzi en China, y por ello apenas tenemos registros de esta forma tan sencilla, lógica y evidente de acabar con la miseria humana, que ha sido ocultada y destruida. Mòzi denominaba la universalidad, como «la voluntad del Cielo» (que es perfecta), pues no puede ser que nos vaya bien mientras a otros les va mal, ni puede puede hacerse solo un poco daño -aunque, ciertamente, hasta nuestros días no podía darse ese encuentro de la Humanidad.

He aquí la demostración

  • El arma o unidad armada es la causa necesaria (solo si A entonces B) de la propiedad privada ya que la propiedad privada, que significa que solo uno puede disponer de algo y priva de ello al resto de la Humanidad, no podría existir sin la violencia del arma. Pero, sobre todo, el arma es la causa real o suficiente (Si A entonces B) de la propiedad privada porque el arma tiene el propósito de matar y dañar, y, por lo tanto, no puede ser compartida, alternada o intercambiada, y así resulta que todas las cosas son necesariamente privadas en tanto que necesariamente sirven o son explotadas sólo por una sola unidad armada (estado) en particular.

Y, de otro modo, el desarme es la causa necesaria y suficiente de la comunidad humana, cuya consecuencia es el uso de todos los recursos de acuerdo con su propio fin, lo que implica objetivamente por quién, cómo, cuándo… serán utilizados, esto es, el sentido común.

Este paso era un problema irresoluble para el cosmopolitismo antiguo (estoicos, cínicos y moístas) como nos muestran algunos raros e interesantes documentos al respecto de los estoicos que han sobrevivido hasta nuestros días. En su tiempo, si el estado dejaba de garantizar derechos tales como la propiedad, el resultado no podía ser sino el caos, pues no se eliminaba el arma y otros estados (unidades armadas) vendrían necesariamente a ‘imponer el orden’, pero en nuestro tiempo el garante del orden y del cambio es la Humanidad que, sin violencia, garantiza y da seguridad sobre los ‘derechos’ actuales también en la transición o «sustitución de la parcialidad por la universalidad», esto es, en la realización de la comunidad humana.

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